Coluna

 

Luis Hornstein

Sedução materna e trama pulsional

 La madre capta (entiende, intuye) los movimientos psíquicos de su bebé por las expresiones visibles del cuerpo del niño, queignora la existencia de un espacio de realidad por fuera de él. El bebé expresa su sentir en el cuerpo. La madre(primera seductora,Freud,1938) lo decodifica, lo interpreta, traduce esos signos visibles y, desde su propia historia, les presta palabras y afectos que serán las inscripciones fundantes de la subjetividad.La sexualidad es energía renovable, pila recargable. ¿Quién cargó nuestra pila por primera vez? Los padres o aquellos que ocuparon su papel. Uno, después, puede reservar la energía inicial para sí y tomar nueva de los otros o amarlos dando y recibiendo. Observemos una madre con su recién nacido. ¡Qué avidez la del bebé! ¡Qué generosidad la de la madre! En él sólo hay necesidad imperiosa. En ella apenas se nota, hasta tal punto está transfigurada por la ternura. La humanidad se crea ahí, creando el amor. El niño toma; la madre da. En él está el placer corporal; en ella, la alegría. El amor nos precede y nos enseña a amar y amarnos.
Cada ser es distinto a todos los demás. Entre un ser y otro hay un abismo, una discontinuidad y el erotismo tiende a la disolución del estado de existencia discontinua (Bataille). Las zonas erógenas son puntos de encuentro con un placer local y con el deseo materno. La vivencia de satisfacción está sobredeterminada por lo que significa para el otro primordial ese vínculo. Cuando el niño alucina al pecho, alucina lo que representa el pecho y esa boca para la realidad psíquica materna. La sexualidad ilustra de los primeros lazos con el mundo, de cómo fue deseado el niño, de los anhelos e ilusiones que fueron proyectados sobre él. Desde la primera mamada el niño incorpora un mundo simbólico. El deseo materno tiene para el niño un efecto de anticipación al hacerlo participar de un discurso, de una realidad de la que todavía no puede prever el sentido y las consecuencias de las abrumadoras experiencias que enfrenta. La sexualidad se apuntala en los“cuidados maternos”). La madre no sólo alimenta,ademas inviste al niño erotica y narcisisticamente. La inscripcion de la pulsión expresa un vínculo, una fijación, un encuentro entre elementos exteriores entre sí: los “ruidos” del cuerpo y los “ruidos” de la cultura, de la historia, del lenguaje. Entre el cuerpo biológico, el cuerpo erógeno y el mundo representacional hay heterogeneidad y metabolización. Se dirá, y es cierto, que Freud postuló dos concepciones de la pulsión: una endógena, que invoca un fundamento biológico; otra, que concibe la pulsión como articulación de lo intersubjetivo y lo corporal (cuestionando la perspectiva endógena). La perspectiva de Freud, el fundador, había sido solipsista. Hoy la teoría privilegia lo intersubjetivo. No hay pulsión sin un otro. Un otro cuya realidad psiquica concierne al niño. No hay un bebe aislado. La exigencia de trabajo psíquico impuesto por la intersubjetividad implica una mirada atenta a la investidura del niño por los padres y por el conjunto intersubjetivo en el cual el recién nacido viene al mundo. Los conceptos básicos (Grundbegriffe) son como reparos, como puertos, para evitar la dispersión y el caos, la divagación. Mal usados pueden convertirse en un dogma e impedir la navegación. En 1915 Freud advierte que está ante un concepto básico, el de pulsión. “Un concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma, como una medida de la exigencia de trabajo que es impuesta a lo anímico a consecuencia de su trabazón con lo corporal”. La definición de pulsión no es descriptiva sino metapsicológica, pues abarca los tres puntos de vista: concepto límite (punto de vista tópico); representante psíquico de las excitaciones somáticas (punto de vista dinámico); medida de la exigencia de trabajo (punto de vista económico). Para Freud (1920) la contraparte de las pulsiones de muerte no son las sexuales sino las de vida, que son esas mismas sexuales pero reunidas con las de autoconservación cuya función es la defensa de lo vital por Eros. Eros (o pulsión de vida)implica encuentros nuevos. Estábamos acostumbrados a que el presente “complementara” el pasado. Estábamos mal acostumbrados, muy fanatizados por la repetición. El presente produce algo que no estaba. El sujeto, al vincularse con otros actuales los relaciona objetos fantaseados y pensados. Hoy nos ayuda la noción de recursividad. Ella permite abarcar la historia resignificando lo infantil. Eso supone superposiciones y deslindes entre historia reciente e infantil. La historia no tiene una evolución lineal. Hay turbulencias, bifurcaciones, fases inmóviles, estadios. Es un enjambre de devenires enfrentados con riesgos, incertidumbres que involucran evoluciones, progresiones, regresiones, rupturas. La compulsión de repetición es una simbolización que se repite. Pero no toda simbolización se repite. Incluso el interior de la repetición está afectado por la diferencia. He allí una oportunidad de creación para paciente y analista. El analista no “adhiere” a “lo nuevo” sino que lo conquista con estudio y coraje. El psiquismo no puede abolir el azar. Pero luchará siempre por transformarlo en organización, engendrando nuevas formas y desarrollando potencialidades. La complejización es la meta de la pulsión de vida. La pulsión de muerte con su movimiento desintegrador y regresivo es conservadora. Pero las pulsiones de vida tienen no solo conservan sino que intentan innovar. La pulsión de muerte restaura un estado anterior destruyendo lo nuevo. Las pulsiones de vida, en cambio, integran el pasado en organizaciones y unidades más amplias. Para las pulsiones de vida, la conservación del pasado es una marcha hacia adelante y si la pulsión de muerte determina un movimiento regresivo es por la desorganización. Una fusión pulsional exitosa logra la permanencia del pasado en el presente y posibilita la historicidad de la vida psíquica. (Un psiquismo que no conservara nada del pasado iría a la deriva). Lo que le otorga valor historizante a Eros es la articulación de la repetición con la diferencia. La tendencia regresiva de la pulsión de muerte no busca la muerte sino un estado de quietud, el reposo del alboroto de Eros (Freud, 1923). Escribió Freud: “la meta de Eros es producir unidades cada vez más grandes y, así conservarlas, o sea, una ligazón”. Varias implicancias: a) la conservación es una de las metas, b) la meta es expansiva: crear “unidades” cada vez más grandes, y c) la ligazón sostiene tanto la conservación como el carácter expansivo. La expansión y la creación de lazos contrarrestan la pulsión de muerte. El psicoanálisis, como cualquier disciplina viva, está al día. Nos fuimos preparando para lo impredictible, lo azaroso, el desorden; ya que un psiquismo totalmente determinado no podría albergar nada nuevo y un psiquismo totalmente abandonado al azar -que fuera sólo desorden- no constituiría organización y no accedería a la historicidad. Aquél sería incapaz de transformarse. Este, incapaz siquiera de nacer. Entender el mundo es conocer las leyes que rigen los componentes últimos de la materia. Pero es también comprender los cambios de fases, las turbulencias y los procesos irreversibles. Estos problemas, que se sitúan en los confines de las matemáticas, de la física, de la química, de la biología y de las ciencias humanas transforman el panorama epistemológico. Atendamos más al movimiento y sus fluctuaciones que a estructuras y permanencias. La clave es otra dinámica, denominada no lineal. Nacida en la física, esta conmoción del saber se desplaza hacia las ciencias de la vida y la sociedad. La biología molecular no redujo lo complejo a lo simple (lo biológico a lo físico-químico) sino, por el contrario, recurrió a conceptos organizacionales desconocidos en el dominio estrictamente físico-químico como información, código, mensaje, jerarquía. La biología propone la autoorganización para comprender cómo el azar produce complejidad. Lo psíquico incluye un nivel de complejidad aun mayor. La vida es el equilibrio precario entre el riesgo de destrucción por el desorden y el de la rigidez por redundancia en un orden inamovible. Lo psíquico se sitúa entre el cristal y el humo (Atlan), en tanto tiene una estructura determinada. Una estructura que se modifica si las circunstancias obligan, y entonces surgen nuevas propiedades. No otra cosa que la clínica, las contribuciones teóricas y el horizonte epistemológico nutren las teorizaciones. Solo confrontando el Zeitgeist [espíritu de la época] de Freud con el de nuestro tiempo construiremos un psicoanálisis contemporáneo del presente.

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