Coluna

 

Luis Hornstein

Tener relaciones sin compromisos profundos, desarrollar cierta indiferencia afectiva, vivir solo, ese sería el perfil de Narciso. El miedo a la decepción traduce “la huida ante el sentimiento”. Si los celos y la posesividad están desprestigiados es porque se pretende llegar a un estado de indiferencia, de desapego, para protegerse de las decepciones. Hay recursos variados para evitar compromisos. En nuestra época predomina lo light que ha impregnado nuestro mundo, invadido nuestras prácticas cotidianas y remodelado nuestro imaginario .Si antes era admitido únicamente en el dominio del arte, hoy es un imperativo en múltiples esferas: objetos, cuerpo, deporte, alimentación, arquitectura, diseño. En el corazón de nuestro tiempo se afirma el culto polimorfo de lo light.Rompiendo con la modernidad –rigorista, moralista, convencional-, se afirma otra modalidad de tipo “liquido” y flexible. Por medio de los objetos, la publicidad, los medios y la moda, el capitalismo del consumo exalta los placeres en todas sus parcelas, invita a vivir en el presente, a gustar los goces del hoy: legitima cierta despreocupación por la vida. La ideología, que se escribía con mayúscula, ha cedido el paso a una ética de la satisfacción inmediata, a una cultura lúdica y hedonista centrada en los goces del cuerpo, de la moda, de las vacaciones, de las novedades comerciales.
La fragilidad de los lazos y la facilidad actual para las desvinculaciones traen consigo unas veces las delicias de la renovación, otras la pesadilla de quedar abandonados. Todo se ha vuelto desechable: en este contexto, muchas personas tienen miedo de vivir un nuevo fracaso doloroso y no piensan sino en protegerse de sufrimientos que siempre son posibles en las relaciones afectivas. La soledad como consuelo: más vale estar solo que vivir conflictos agotadores y un nuevo fracaso. La libertad en materia de relaciones se transforma.
Estábamos acostumbrados a que los valores fueran desmitificados, relativizados, despreciados, y a saludar la llegada de los nuevos. Hoy parecería que no hay nuevos. Y los “últimos” ¡son acusados! ¿De qué? De contingencia y de versatilidad.Marea la cantidad de padeceres que no se dejan arrear fácilmente a los tres corrales de la neurosis, la perversión y la psicosis. Ante el mareo hay soluciones que evitan el reduccionismo pero nos obligan a estudiar. O bien, como Ulises, nos atamos al mástil salvador de la clínica.
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, conocido como DSM, es uno de los intentos de evitar el mareo. Fue ideado para encontrar un esperanto entre distintas corrientes. Soslayando el conflicto instaló la paz, una paz que se parece a la del sepulcro. A veces los diagnósticos hacen olvidar que estamos en una intrincada selva y no en un cómodo safari. La psicología se ocupa de pasiones y sufrimientos. El DSM IV no ha logrado aquietarlos, los ha anestesiado mediante categorías que tranquilizan al psiquiatra y al psicologo, pero no aquietan las tormentas subjetivas.

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